- Professores
- Contra Mestres
- Mestrandos
- Mestres
- 5 e 6 de maio Batizado em Munique Alemanha, graduada Katharina
- 19 e 20 de maio Batizado em Cornegliano d’Alba, Itália, Batizado do contra mestre Chiquinho
- 26 e 27 de maio Batizado na Polonia contra mestre Juninho e monitor Marek
- 2 e 3 de junho Batizado em Vevey, Suiça, contra mestre Sandro
- 9 e 10 de junho Batizado na Turquia contra mestre Juninho e Monitor Dragão
- 16 e 17 de junho Batizado em Potsdam, Alemanha, professor estagiario Bruno
A mediados del siglo XIX e inicios del siglo XX, eran épocas de mucha conmoción en Brasil, pues se encontraba en media revolución para pasar de ser un imperio a una república. Eran épocas de liberación de esclavos, pre y posteriores a la firma de la ley Aurea, Ley que prohibía la tenencia de esclavos. Eran épocas donde los negros, al ser liberados, eran enviados a las calles a su suerte. Era para muchos, uno de los capítulos más oscuros en la historia de la capoeira. La Historia de las temibles Maltas de Capoeira. Durante cientos de años, los esclavos que lograban escapar, se refugiaban en quilombos. Luego de que estos quilombos fueran desarticulados, los negros se fueron diseminando por todo Brasil. Aunque ya habían obtenido la libertad legalmente a través de la ley Aurea y algunas otras que le precedían, no contaban con ningún tipo de preparación ni oficio, y muchas veces no tenían donde pasar la noche, y las oportunidades se les negaban por discriminación. A raíz de esto, muchos negros migraron hacia Rio de Janeiro. Muchos fueron reclutados por el ejército para combatir heroicamente en la guerra de Paraguay y para otros servicios. Entre un servicio y otro, estos ex esclavos se reunían en las esquinas para distraerse, jugar capoeira, y muchos formaban grupos organizados que cometían diversos crímenes, aterrorizaban a la sociedad, en especial la Carioca y tenían sus rivalidades. Fue así como surgieron y tomaron fuerza las maltas de capoeira.
Estos grupos de resistencia se centraron en Rio de Janeiro y Recife principalmente, y dominaban ciertos territorios. En Rio de Janeiro, se organizaban en grupos desde 20 hasta centenas de personas, y sus nombres correspondían a las parroquias donde pertenecían, tales como “Cadeira da Senhora,” de la zona de Santana, “Flor da Uva” de la zona de Santa Rita, “dos Franciscanos” del Barrio de San Francisco, etc. Inclusive, se dice que la princesa Isabel, hija del emperador don Pedro II, tenía su propia malta denominada “guardia negra”. Aunque existían varios grupos, se destacaron las dos maltas más grandes y temibles, los Nagôas y los Guaiamuns. En Pernambuco, específicamente en Recife, estos se conocían como Bravos y Valentões, y se organizaban de forma similar, pero más influenciados por las manifestaciones rítmicas. Existían dos bandas militares, la banda del 4to batallón de artillería, conocida como “Banha Cheirosa” , y la Banda Hespanha, del cuerpo de al Guardia Nacional, llamados también “Cabeças Secas”. Cada una dominaba un territorio, y también eran muy comunes las peleas con diversas patadas, uso de navajas y bengalas.
Las maltas tenían un código de vestimenta muy particular. Este consistía en pantalones anchos blancos, camisa o saco blancos de lino, zapatos de punta fina, un pañuelo de seda en el cuello, el cual lo usaban para protegerse de las navajas, las cuales se deslizaban con el contacto con la seda. Usaban sombreros distintivos según el grupo al que pertenecían. Si el sombrero tenía una cinta blanca sobre una roja alrededor, y el ala del sombrero estaba formada hacia abajo, eran miembros de los Nagôas. Los Guaiamuns usaban el ala hacia arriba, y alrededor tenía una cinta roja sobre una blanca. Aunque estas agrupaciones estaban compuestas en su mayoría por delincuentes, y vivían marginados y perseguidos por las autoridades, era común que políticos los contrataran para extorsiones y fraudes en las votaciones. Como el voto en ese entonces no era secreto, muchos votantes eran obligados por los capoeiristas a votar por los candidatos de los partidos que apoyaban las maltas. Era común que los días de votaciones acabaran en sangrientas peleas. Además de políticos, eran empelados por la mafia, algunos se les contrataba para brindar servicios de seguridad en bares, puestos de ventas en los puertos, etc. Los Nagôas estaban ligados al partido conservador. Tenían una tradición africana, pues sus miembros estaban compuestos casi en su totalidad de ex esclavos. Dominaban la llamada Ciudad Vieja en Rio de Janeiro. Por otro lado, los Guaiamuns estaban ligados al partido Liberal Republicano. Ellos tenían control de la región central llamada Ciudad Nueva. Sus miembros eran desde negros ex esclavos, hasta mestizos, criollos, inmigrantes e intelectuales.
Usaban la Capoeira para delinquir, y bajo influencia de valentones portugueses que fueron enviados a Brasil, introdujeron el uso de navajas y bengalas en la capoeira. De hecho, estas armas también formaban parte de la indumentaria. Hacían sus apariciones durante las fiestas populares. Durante los desfiles de las bandas, aparecían haciendo exhibiciones de gran destreza corporal y demostraciones de actos de extremo peligro, como escalar muros, paredes y torres de las iglesias. Aunque su presencia aterrorizaba a la población, sus destrezas y habilidades con los movimientos de Capoeira también causaban cierta admiración, en especial por parte de los adolescentes quienes terminaban siendo reclutadas por las mismas. Las confrontaciones entre los grupos eran muy comunes también durante esas fiestas¸ las cuales por lo general eran provocadas por invasiones por parte de grupos enemigos. Estas peleas se caracterizaban por ser muy violentas, y siempre terminaban con varios muertos y heridos de gravedad. Como dato curioso, las mujeres no solo se les permitió formar parte de estos grupos, sino que también muchas jugaron papeles importantes dentro de la organización de las mismas.
Es importante destacar que aunque los capoeiristas de la época pertenecían a los más bajos estratos sociales y con pocas opciones de sobrevivir, la capoeira no se limitaba a estos grupos. Existían grupos de individuos privilegiados e intelectuales que practicaban capoeira, e inclusive participaban en estas maltas. A ellos se les conocían como “Cordões Elegantes”. Entre estos, se destaca a Juca Reis, quien casualmente fue hijo y hermano respectivamente del primer y segundo Conde de Matosinhos. Aunque la Capoeira se ligaba directamente con el crimen, esta también era practicada por ciudadanos comunes, intelectuales, comerciantes, y no todas las maltas cometían actos criminales. Inclusive, miembros el ejército y el cuerpo policial habían adquirido conocimientos de capoeira. Se dice inclusive que el mismo Sampaio Ferraz, jefe de policía de la cuidad de Rio de Janeiro, implacable perseguidor de la capoeira, también conocía algunos movimientos de la misma. En la época se destacaron figuras de mucho renombre, tales como el anteriormente mencionado Juca Reis, además de Manduca da Praia, quien fuese reconocido como uno de los mejores Capoeiristas de Rio de Janeiro. Sin embargo, Manduca era una excepción, pues no tenía afiliación con ninguna de las maltas, sino que operaba por cuenta propia. En Pernambuco se destacó Jose Antonio do Nascimento, conocido como Nascimento Grande. Las autoridades fueron implacables con las maltas, y los practicantes de capoeira en general. La práctica de la capoeira era castigada con al menos 200 latigazos y hasta permanencia de varios meses en los calabozos. En respuesta a la persecución que existía de los Capoeiristas, es que muchos adoptaron apodos, con el fin de evadir la justicia. Cuando se reunían en sus rodas, utilizaban el toque de berimbau de “Cavalaría” para dar aviso de la llegada de la policía. El imperio cayó aproximadamente un año después de la firma de la Ley Aurea, en 1889 específicamente, y se proclamó la Nueva República. Esta conllevó a cambios en la sociedad y en la infraestructura que dio como resultado la marginalización de los estratos más bajos de la sociedad hacia las colinas, a lo que hoy se conocen como las favelas.
Este nuevo orden político y social fue aún más implacable con los capoeiristas. Determinados a extinguir las maltas, y la capoeira así como toda forma cultural de descendencia africana, el presidente de la nueva república, Manuel Deodoro da Fonseca, auxiliado por Sampaio Ferraz, jefe de la policía del distrito federal, hicieron un cambio fundamental en el código penal. Se editó el decreto 847 de 1890, el cual declara la práctica de capoeira como un crimen, el cual se castigaba con 200 o más latigazos, seguido deportación al archipiélago de Fernando de Noronha. Ni siquiera Juca Reis se salvó del destierro. A dos años de la firma del decreto, y la deportación masiva de capoeiristas a la isla de Nornoha, las maltas se extinguieron. Todos aquellos que volvieron de su tiempo en cautiverio, y los que no fueron capturados, permanecieron en la clandestinidad, pasando sus conocimientos de capoeira, hasta que esta fue legalizada en la década de los 30s gracias al esfuerzo de Mestre Bimba. En Recife, estas se extinguieron en 1912, y nació una nueva forma de expresión artística, el Frevo.







